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"No hay aprendizaje sin emoción"
"La letra con emoción entra"

 

Nuestro cerebro es la base de nuestro aprendizaje, por ello es necesario comprender su funcionamiento, de manera que nos permita atender al alumnado, a su diversidad y a sus necesidades. Ya no vale con sentarse delante de una mesa, contar la teoría, esperar que el alumno lo memorice y lo "vomite" en un examen para olvidarlo 24 horas después (si llega). Conocer cómo trabaja nuestro cerebro, cuáles son sus procesos, permite que enseñanza y aprendizaje vayan unidos y sean, en cierto modo, recíprocos. No es cuestión de almacenar información, es cuestión de desarrollar correctamente las habilidades que hagan que los alumnos procesen la información y sean capaces de aplicarla, que pase a la memoria a largo plazo.

El alumno ya no es un mero receptor pasivo de la información, ese alumno que lleva los libros, se sienta en clase, presta (o no) atención, toma apuntes y mira el reloj esperando que la hora de clase se acabe para poder salir a hablar con sus amigos. Se trata de que aprendan, a través de diferentes estrategias y en ellas hay que tener en cuenta la "neurodidáctica", es decir, mejorar la enseñanza teniendo en cuenta nuestro cerebro, es decir, la plasticidad cerebral, la importancia de las emociones en el proceso de aprendizaje, la atención, los juegos,... 


Todos hemos visto una y otra vez en las redes sociales cómo los profesores buscan captar la atención de los alumnos utilizando personajes de series o películas para hacer más atractivos los ejercicios, o cómo los alumnos hacen uso de la creatividad para la resolución de ejercicios y se vuelven el centro de atención durante unos días, porque.... ¿cómo se debía haber resuelto el ejercicio: de forma "normal" o de la forma en la que lo ha interpretado? ¿Deberíamos decirle a ese niño que se ciña a las normas sociales o premiarlo por salirse del esquema? 

Cinta II:

Neurodidáctica

Pixabay (modificada)

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